La versión en español está después de la versión en inglés.
It’s too early for Christmas, but lights and decorations are beginning to appear around the city, and shops are beginning to fill with “seasonal” goodies. It drives me a little crazy, but one thing I never complain about is the appearance of mantecados and polvorones, Spanish shortbread cookies/biscuits made with all good and I’m sure healthy things, including, flour, sugar, and lard.
They’re crumbly but melt in your mouth (thanks to the lard). Montecados tend to be round and polvorones tend to be oblong. Polvorones usually include almonds. We could eat them by the boatload, so I’m glad San Geraldo only came home from the supermarket last week with six. They lasted three days, which is a long time.
Convents in Andalusia are famous for still making and selling these delights. I plan to buy some this season at a convent I regularly pass. They set up a shop every year.
While I was reading about lard, I came upon an old label from N.K. Fairbanks & Co. of Chicago, makers of soap and baking supplies. Nathaniel K. Fairbank was dubbed the “Lord of Lard” by the Chicago Daily Tribune in 1883. Another of his products was Fairy Soap, purchased finally by Proctor & Gamble. We always have a bottle of Fairy liquid for washing dishes. The first time I saw it in my sister’s kitchen in England in the 1970s, I was embarrassed to use it.
Sorry. The mantecados and polvorones sent me off on a number of tangents. When I saw the label containing the Fairbanks cherubs, the angelic pig mascots for their lard, I then thought of the cherub photos I’ve been collecting at the Fernandine churches. I’ve shared some examples today. I have many more.
I’m delighted by the apparent enlightenment in American politics and hope at least some of the damage can be undone. To celebrate, maybe I’ll go pick up a couple of mantecados (and polvorones) this afternoon.
Es demasiado pronto para la Navidad, pero ya empiezan a aparecer luces y adornos por toda la ciudad, y las tiendas comienzan a llenarse de productos «de temporada». Aunque esto me vuelve un poco loca, hay algo de lo que nunca me quejo: la llegada de los mantecados y polvorones, unos dulces españoles elaborados con ingredientes excelentes —y, estoy segura, muy saludables—, como harina, azúcar y manteca de cerdo.
Son quebradizos, pero se deshacen en la boca (gracias a la manteca). Los mantecados suelen ser redondos, mientras que los polvorones tienden a ser alargados; estos últimos suelen llevar almendras. Podríamos comérnoslos a montones, así que me alegra que, la semana pasada, San Geraldo solo trajera seis del supermercado. Duraron tres días, ¡todo un récord!
En Andalucía, los conventos son famosos por seguir elaborando y vendiendo estas delicias. Tengo pensado comprar algunos esta temporada en un convento por el que paso habitualmente; cada año instalan allí un pequeño puesto de venta.
Mientras leía sobre la manteca, di con una antigua etiqueta de N.K. Fairbanks & Co., una empresa de Chicago dedicada a la fabricación de jabón y productos de repostería. En 1883, el Chicago Daily Tribune (ell periodico) apodó a Nathaniel K. Fairbank el «Lord of the Lard» (el señor de la manteca). Otro de sus productos era el jabón Fairy, una marca que terminó siendo adquirida por Procter & Gamble. En casa siempre tenemos una botella de detergente Fairy para lavar los platos. La primera vez que lo vi en la cocina de mi hermana, en Inglaterra, allá por los años setenta, me dio apuro usarlo.
Disculpad. Los mantecados y polvorones me han llevado a divagar por varios derroteros. Al ver la etiqueta con los querubines de Fairbanks —esas angelicales mascotas porcinas que representan su manteca—, me acordé de las fotos de querubines que he ido recopilando en las iglesias fernandinas. Hoy he compartido algunos ejemplos; tengo muchos más.
Me entusiasma la aparente toma de conciencia en la política estadounidense y espero que, al menos, parte del daño pueda revertirse. Para celebrarlo, tal vez esta tarde vaya a comprar un par de mantecados (y polvorones).





• Querubines en la iglesia de San Rafael.

• En la iglesia de San Lorenzo.

• Someone “modest” later added the ridiculous shorts to the cherubs at the Church of Santa Marina.
• Alguien «recatado» añadió más tarde esos ridículos pantalones cortos a los querubines de la iglesia de Santa Marina.

