Lockdown Day 10: The Toilet / Encierro Día 10: El Inodoro

La versión español está después de la versión inglés.

IT’S STILL RAINING. I sure hope the dreary weather doesn’t last as long as the lockdown, but it’s not looking very promising. The 10-day forecast indicates rain every day but one. This is the Costa del Sol (Coast of the Sun)! We do have moments of sunshine here and there most days, and that helps. As a matter of fact, there’s a bit of blue sky at this very moment. Never mind. It’s gone.

Today’s post takes us back to late January when I visited Malaga’s Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares (Unicaja Museum of Arts and Popular Customs). I shared the ceramics with you at that time (click here), but not much else. So, today, let’s all go to the toilet.

Have you ever seen a Cushy Tushy toilet seat? It’s padded. San Geraldo’s parents had one. It was covered in soft plastic. The plastic was cracked after years of being compressed by tushies of all sizes. The cracks pinched your tushy when you sat down. It was awful.

Anyway, the traditional one at the museum had a padded seat covered in leather. The original Cushy Tushy? Very classy. It also had constipation handles. Hold on tight and push! (OK, I made that up.) But I have to say, if that’s what I had to use at home, I’d always be constipated.

After the toilet — and with nowhere to wash my hands — I visited some other rooms, the charming courtyard, and, finally, the kitchen. The recreated rooms were a very small part of the museum, which shared examples of life and livelihoods in earlier times in Andalucía. Other than the toilet, the rooms didn’t much interest me. The rest of the museum did.

I just remembered, in the late ’60s, My Mother the Dowager Duchess had a carpet toilet seat cover in her and my father’s bathroom. It was shaggy and charcoal gray and matched the rug. It wasn’t around very long. I never sat on it.

After you click the images, don’t forget to wash your hands.

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TODAVÍA ESTÁ LLOVIENDO. Espero que el clima triste no dure tanto como el cierre, pero no parece muy prometedor. El pronóstico de 10 días indica lluvia todos los días menos uno. ¡Esta es la Costa del Sol (Costa del Sol)! Tenemos momentos de sol aquí y allá la mayoría de los días, y eso ayuda. De hecho, hay un poco de cielo azul en este mismo momento. No importa. Se fue.

Mi blog de hoy nos lleva a fines de enero cuando visité el Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares de Málaga. Compartí la cerámica con vosotros en ese momento (haz clic aquí), pero no mucho más. Entonces, hoy, vamos todos al baño.

¿Alguna vez has visto un asiento de inodoro Cushy Tushy? Es acolchado. Los padres de San Geraldo tenían uno. Estaba cubierto de plástico blando. El plástico se rompió después de años de ser comprimido por traseros de todos los tamaños. Las grietas pellizcaron tu trasero cuando te sentaste. Fue horrible.

De todos modos, el tradicional en el museo tenía un asiento acolchado cubierto de cuero. El original Cushy Tushy? Muy elegante. También tenía asas de estreñimiento. ¡Agárrate fuerte y empuja! (OK, lo inventé). Pero tengo que decir que si eso es lo que tenía que usar en casa, siempre estaría estreñido.

Después del inidoro, y sin ningún lugar para lavarme las manos, visité otras habitaciones, el encantador patio y, finalmente, la cocina. Las salas recreadas eran una parte muy pequeña del museo, que compartía ejemplos de la vida y el sustento de épocas anteriores en Andalucía. Aparte del baño, las habitaciones no me interesaban demasiado. El resto del museo lo hizo.

Acabo de recordar, a finales de los años 60, que Mi Madre la Duquesa Viuda tenía una cubierta de asiento de inodoro alfombrado en el baño de ella y de mi padre. Era peludo y gris carbón y hacía juego con la alfombra. No fue por mucho tiempo. Nunca me senté en eso.

Después de hacer clic en las imágenes, no olvides lavarte las manos.

Finding Nemo? / ¿Buscando a Nemo?

La versión español está después de la versión inglés.

IN 1993, OUR first year living in San Diego, San Geraldo and I went to Disneyland, 45 minutes away [oops I had that wrong, it was 90 minutes away] — with a couple of friends. At Splash Mountain, the log flume, we saw that we could get a souvenir photo of our ride. San Geraldo thought that would be great for our first holiday card from Southern California. He asked our friends if the ride was at all wild. “No!” they said. “It’s all inside until the end and, except for the steep plunge you can see, which is over in a second, it’s very bucolic.” So, we hopped on board.

Well, it wasn’t all inside and, early on, there was a sudden turn and drop. I thought it was nothing, but San Geraldo screamed, “YOU LIED!!!” He was serious and he immediately went into all out panic mode.

We passed animatronic characters from the 1946 [racist] Disney film “Song of the South.” One character said something that caused San Geraldo to shriek, “SHE SAID ‘GO BACK’!!!” (I don’t think that’s really what she said, but I couldn’t swear to it.)

Finally, we made the slow climb to the top of the mountain. During the quick descent, I began to turn to my left thinking that’s where the automatic camera would be. The camera snapped sooner than I expected and, unfortunately, it was on the right. But it really didn’t matter. As you’ll see in the photo, San Geraldo had completely forgotten about the holiday card.

When we hit bottom and everything was suddenly quiet, San Geraldo gasped, “I made it.” Seriously.

Several months later, San Geraldo’s mother and two sisters surprised me by coming to town for my 40th birthday. After his youngest sister headed home, we remaining four went to Disneyland. Linda and I (oops… I told her I wouldn’t mention her name), went on Splash Mountain. Once had been more than enough for San Geraldo. The resulting photo would have made an incredible holiday card for our second year in Southern California, but Linda said, “Don’t you dare buy that.” (I didn’t listen that time either.) Sadly, I lost track of both photos for more than 25 years. I thought they had been lost for good and then, last week, I found them in a mislabeled album. So, I’m getting the holiday cards out early this year.

Seasons greetings from Disneyland!

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EN 1993, NUESTRO primer año viviendo en San Diego, San Geraldo y yo fuimos a Disneyland, a 90 minutos de distancia, con dos amigos. En Splash Mountain, el canal de troncos, vimos que podíamos obtener una foto de recuerdo. San Geraldo pensó que sería genial para nuestra primera tarjeta navideña del sur de California. Preguntó a nuestros amigos si el viaje fue salvaje. “¡No!” Dijeron. “Todo está adentro hasta el final y, excepto por la fuerte caída que puedes ver, que termina en un segundo, es muy bucólico”. Entonces, subimos a bordo.

Bueno, no todo estaba dentro y, al principio, hubo un repentino giro y caída. Pensé que no era nada, pero San Geraldo gritó: “¡¡¡MENTISTEIS!!!”. Él hablaba en serio e inmediatamente entró en modo de pánico.

Pasamos personajes animatrónicos de la película [racista] de Disney de 1946 “Song of the South”. Un personaje dijo algo que hizo que San Geraldo gritara: “¡¡¡ELLA DIJO ‘REGRESA’!!!” (No creo que eso sea realmente lo que dijo ella, pero no podía jurarlo.)

Finalmente, comenzamos la lenta subida a la cima de la montaña. Durante el rápido descenso, comencé a girar a mi izquierda pensando que allí estaría la cámara automática. La cámara se quebró antes de lo que esperaba y, desafortunadamente, estaba a la derecha. Pero realmente no importó. Como verá en la foto, San Geraldo se había olvidado por completo de la tarjeta navideña.

Cuando tocamos fondo y de repente todo estaba en silencio, San Geraldo jadeó, “Lo logré”. En serio.

Varios meses después, la madre y las dos hermanas de San Geraldo me sorprendieron al venir a la ciudad para mi 40 cumpleaños. Después de que su hermana menor se fue a casa, los cuatro restantes fuimos a Disneyland. Linda y yo (¡Ay! Le dije que no mencionaría su nombre) fuimos en Splash Mountain. Una vez había sido más que suficiente para San Geraldo. La foto resultante habría sido una tarjeta navideña increíble para nuestro segundo año en el sur de California, pero Linda dijo: “No te atrevas a comprar eso” (tampoco escuché esa vez). Pero perdí las dos fotos durante más de 25 años. Pensé que se había perdido para siempre y luego, la semana pasada, lo encontré en un álbum mal etiquetado. Entonces, voy a sacar las tarjetas navideñas a principios de este año.

¡Felices fiestas de Disneyland!

Photo Credit: Cd637 at English Wikipedia, CC BY-SA 3.0
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=58648866

Population: 109 / Población: 109

I’ve told this long story before, but only in English. Here it is in English followed by Spanish.
He contado esta larga historia antes, pero solo en inglés. Aquí está en inglés seguido de español.


“Jerry,” I whispered, “I have to pee.” “Here,” smiled his mother from behind me as she offered me an empty Maxwell House can.

It was my first visit to the Midwest. We were fishing for walleyes and crappies (pronounced croppies), fish that don’t swim in the waters of Long Island and Brooklyn, where I had grown up.

We sat in the only boat, in the middle of the only lake in the town of Ihlen, Minnesota. Population 109. 

Jerry and I had been together 10 months. He had met my parents when they paid us a visit in Boston. So, we decided it was time for me to meet his parents.

We had left Boston five days earlier for a week of home-cooked meals, home movies, photo albums, and fishing. A chance for me to get to know Jerry’s parents. A chance for them to get to know me. 

It had been an exceptional week — up until that moment. My upbringing had not prepared me for that moment. 

In my family, there was an unwritten law that men did not ‘go to the bathroom’ in front of women. Nor, for that matter, in front of men. 

In my family, toilets flushed and did not have “Good to the last drop” printed on the side. 

We sat in Jerry’s father’s tiny fishing boat on a late-spring afternoon. A light breeze played with the leaves in the old oak trees before gently dancing across the lake, a breeze just cool enough to keep the mosquitoes at bay. 

I HAD just drained my third can of beer when I whispered to Jerry.

Jim — a big man with a voice to match — sat in back holding his fishing rod, a devilish smile playing at the corners of his lips, a glint in his brown eyes as they peeked from under his John Deere cap. 

Jerry held a worm between his fingers, about to bait his hook. 

Alice, her green eyes catching the colors in the sky and water, her blond curls bursting forward from the snug-fitting hood of her navy blue sweatshirt, still held the coffee can in her large Norwegian hand. 

And I sat, mortified, desperately trying to hold my water. “I can’t go in that!” 

“Why not?” asked Jerry — knowing full well why not. 

“Well, not in front of your mother!” 

“I’ll turn my back,” Alice offered. 

‘Oh, isn’t she helpful,’ I thought. 

“I can’t. You’ll still hear it,” I sputtered. 

My face must have been as red as the night crawler Jerry now gleefully impaled on his hook. 

“So, just go over the side into the lake,” Alice suggested. Jerry nodded his agreement. And, for the first time, I noticed they had the same sinister smile. 

There was an interminable silence as I tried to regain control of my lungs. I must have looked a fool, sitting there with this family of evil Midwesterners, my face red with embarrassment, my legs clamped tightly together. 

Then Jim, still smiling (but was it malevolently now?), gently set down his rod and reel and tugged on the outboard motor. 

“Where are we going?” asked Jerry.

“To shore,” replied Jim. “There’s a biffy on the south side of the lake.” 

“A biffy!” Jerry squawked. “You never took us to shore! We always used the coffee can.” 

‘Oh, God,’ that couldn’t possibly be the same coffee can that Jerry and his sisters had used. Could it?!?

“Well, Gerald, Mitchell here is a city kid. You can’t expect him to do everything our way the first time out. We’ve got to introduce him to this stuff gradually.” Jim lectured, but I could hear the repressed laughter in his voice as he motored us to shore. 

‘What’s a biffy?’ I wondered as I peered into the dark trees in the distance. And then I saw it. 

‘An outhouse?!?’ My heart sank and I thought, ‘He expects me to go in that?!?”

But, I didn’t have much choice. It was the outhouse or the coffee can. 

When we reached shore, I leapt from the boat and ran to the outhouse. I pulled the door shut behind me. Of course there was no lock. I hoped the 109 residents of the town of Ihlen, Minnesota, had their own outhouses. 

I looked up. ‘At least there’s ventilation,’ I thought. 

But, the tiny screen windows above my head did nothing to lessen the stench from the fetid mass in the hole below. I unzipped and then held my breath as I emptied my full-to-bursting bladder. 

Mosquitoes buzzed in my ears and hungrily fed wherever I could not reach with my free hand to swat them away. The pheasants cried. 

I dreaded the thought of returning to the three snickering people waiting in the only boat, on the shore of the only lake in the town of Ihlen, Minnesota. Population 109.

At Alice and Jim’s, Pipestone, Minnesota (Population: 4,034). /  En la casa de Alice y Jim, Pipestone, Minnesota (Población: 4034).


“Jerry”, susurré, “Tengo que orinar”. “Aquí”, sonrió su madre detrás de mí mientras me ofrecía una lata vacía de Café de Maxwell House.

Fue mi primera visita al medio oeste. Íbamos a pescar “walleyes” y “crappies,” peces que no nadan en las aguas de Long Island y Brooklyn, donde yo había crecido. Nos sentamos en el único barco, en medio del único lago en el pueblo de Ihlen, Minnesota. Población 109.

Jerry y yo habíamos estado juntos por 10 meses. Conoció a mis padres cuando nos visitaron en Boston. Entonces, decidimos que era el tiempo de conocer a sus padres.

Habíamos salido de Boston cinco días antes durante una semana de comidas caseras, películas caseras, álbumes de fotos, y pesca. Una oportunidad para que yo conozca a los padres de Jerry. Una oportunidad para que me conozcan.

Había sido una semana excepcional hasta ese momento. Mi educación no me había preparado para ese momento.

En mi familia, existía una ley no escrita de que los hombres no “iban al baño” frente a las mujeres. Tampoco, por cierto, frente a los hombres.

En mi familia, los inodoros se vaciaron y no tenían “Bueno hasta la última gota” impresa en el lateral.

Nos sentamos en el pequeño bote de pesca del padre de Jerry en una tarde de primavera. Una brisa ligera jugó con las hojas en los robles viejos antes de bailar suavemente a través del lago, una brisa que se enfría lo suficiente como para mantener a los mosquitos alejados.

ACABA DE vaciar mi tercera lata de cerveza cuando le susurré a Jerry.

Jim, un hombre grande con una voz para emparejar, se sentó en la espalda con su caña de pescar, con una sonrisa diabólica jugando en las comisuras de sus labios, un destello en sus ojos marrones cuando se asomaron debajo de su gorra de “John Deere”.

Jerry sostuvo un gusano entre sus dedos, a punto de cebar su anzuelo.

Alice, con sus ojos verdes atrapando los colores en el cielo y el agua, sus rizos rubios brotando de la cómoda capucha de su sudadera azul marino, todavía sostenía la lata de café en su gran mano noruega.

Y me senté, mortificada, tratando desesperadamente de retener mi agua. “¡No puedo ir en eso!”

“¿Por qué no?”, Preguntó Jerry, sabiendo muy bien por qué no.

“Bueno, no delante de tu madre!”

“Voy a dar la espalda”, se ofreció Alice.

‘Oh, ¿no es ella útil?’, pensé.

“No puedo. Aún lo oirás “, balbuceé.

Mi cara debe haber estado tan roja como el gusano Jerry ahora alegremente empalado en su gancho.

“Entonces, solo ve por el lado hacia el lago,” sugirió Alice. Jerry asintió con la cabeza. Y, por primera vez, noté que tenían la misma sonrisa siniestra.

Hubo un silencio interminable mientras intentaba recuperar el control de mis pulmones. Debo haber parecido un tonto, sentado allí con esta familia de malvados del medio oeste, con la cara enrojecida por la vergüenza, las piernas apretadas con fuerza.

Entonces Jim, todavía sonriendo (pero ¿era malévolo ahora?), dejó suavemente su caña y carrete y tiró del motor fueraborda.

“¿A dónde vamos?” preguntó Jerry.

“A la orilla”, respondió Jim. “Hay un biffy en el lado sur del lago”.

“¡El biffy!” se quejo. “¡Nunca nos llevaste a la orilla! Siempre usábamos la lata de café.

“Oh, Dios”, ese no podría ser la misma lata de café que Jerry y sus hermanas habían usado, ¿verdad?

“Bueno, Gerald, Mitchell aquí es un niño de ciudad. No puedes esperar que él haga todo a nuestra manera la primera vez. Tenemos que presentarle estas cosas gradualmente ”. Jim dio una conferencia, pero pude escuchar la risa reprimida en su voz cuando nos llevó a la orilla.

‘¿Qué es un biffy?’ Me pregunté mientras miraba los oscuros árboles en la distancia. Y luego lo vi.

‘¿Una casa de huéspedes?!?’ Mi corazón se hundió y pensé: ‘¿Se supone que debo ir en eso?

Pero, no tuve mucha opción. Era el biffy o la lata de café.

Cuando llegamos a la orilla, salté del bote y corrí al biffy. Cerré la puerta detrás de mí. Por supuesto que no había cerradura. Esperaba que los 109 residentes del pueblo de Ihlen, Minnesota, tuvieran sus propias biffys.

Miré hacia arriba. ‘Al menos hay ventilación’, pensé.

Pero, las pequeñas ventanas de la pantalla sobre mi cabeza no hicieron nada para disminuir el hedor de la masa fétida en el agujero de abajo. Lo descomprimí y luego contuve la respiración mientras vaciaba mi vejiga llena.

Los mosquitos zumbaban en mis oídos y se alimentaban con avidez donde no podía alcanzar con mi mano libre para aplastarlos. Los faisanes lloraban.

Temía la idea de volver a las tres personas que se reían en el único bote, en la orilla del único lago en la ciudad de Ihlen, Minnesota. Población 109.

PollO Or A?

I want to build my own holiday village — of sorts. Nothing holy and totally irreverent.

Judy bought some figures for Tynan and Elena’s “Belen.” A few ducks to join Elena’s farm animals and a dead chicken for Tynan. Just because.

Their friend Jim has two Christmas villages at his house. A bit religious and a bit festive. There’s even a man with his bits out peeing wherever he happens to be standing (he gets moved all over town). Although the caganer (click here) is a Christmas tradition, Peeing Man appears to be on his own.

Remember, “pollo” is chicken in Spanish and “polla” is cock. Consider this blog post your Spanish lesson for the day. You’re welcome.

TYNAN’S DEAD CHICKEN INAPPROPRIATELY, BUT WELL-, HUNG.
AT LEAST I THINK HE’S PEEING.
HE’S AWFULLY CLOSE TO THAT SHEEP!
SUNDAY FACETIME WITH THE KID BROTHER.
HE WOULD TELL ME THE ABOVE IMAGES “ARE NOT NICE!”

AND, after a brief listen to this video, the Kid Brother would say,
“What are you nuts?!? Turn that junk off! Sheesh!”